SOY UNA PERSONA CON ALTA SENSIBILIDAD

“Soy una persona altamente sensible. Puedo captar emociones, olores, energías que ni yo misma soy capaz de describir. A veces mis experiencias emocionales y sensitivas me desbordan y no consigo comprenderlas”. Así resume su vida una persona “persona con alta sensibilidad” (PAS). En 2014 la Universidad de Stony Brook (Nueva York) dio a conocer un estudio que explica las características emocionales de las personas con alta sensibilidad. Dicho estudio estima que el 20% de la población es PAS. Estas personas son creativas, intuitivas, empáticas, observadoras y solitarias. También son capaces de descifrar e intuir los sentimientos de los demás, pero a su vez, tienen que enfrentarse a una gran carga de conciencia si no hacen lo que consideran correcto. Incluso pueden llegar a sentir dolor físico, problemas de piel o digestivos si no consiguen dejar de pensar en sus emociones o en las que les transmiten los demás. Llegan a sufrir la pena o alegría ajena. La ínsula, estructura pequeña alojada en el cerebro y que está relacionada con el sistema límbico, una estructura básica en nuestras emociones, aporta una visión más subjetiva de la realidad. Esta estructura que tiene que ver con la conciencia presenta una alta actividad en las personas PAS. Esta carga de conciencia puede llevar a estas personas a sufrir depresión si no canalizan bien sus emociones. “Date cuenta que no nos enseñan a ser sensibles, que de hecho nos educan para tapar nuestra sensibilidad”. Quizá el problema sea que la sensibilidad es vista como una debilidad. Sin embargo, saber cómo controlar los sentimientos puede hacernos más fuertes en ciertas situaciones. Para ello, tenemos que auto conocernos, saber cómo somos y qué nos hace daño para establecer unos límites dentro de los cuales poder protegernos. Tenemos que entender que el resto de personas, tal vez, no van a sentir lo que tú sientes, ver lo que tú ves, que quizá no entiendan que se empatice con otras personas en ciertas circunstancias. Y a la vez, la sociedad tiene que llegar a comprender que ser sensible es una virtud. Podemos ponernos en el lugar del otro y ayudarle de una manera más eficaz, conocer otras realidades que nos pueden suceder e intentar que no nos ocurran. Poder contar con personas que nos entiendan y no juzguen lo que sentimos es un gran paso para mostrarnos tal como somos delante de cualquiera y hacer ver que la sensibilidad es un valor que hay que mostrar.
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Adoración Ayllón Zapata
Periodista
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